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Aconsejan sacar política exterior de Constitución
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Argumentan que los principios se deben adecuar al mundo actual; subsecretario de la SRE asegura que es una camisa de fuerza.

Juan Manuel Gómez Robledo, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Juan Manuel Gómez Robledo, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de octubre.- Juan Manuel Gómez Robledo, subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, planteó al Senado quitar de la Constitución los principios de la política exterior del país, o al menos dejar de concebirlos como una camisa de fuerza que impide al país abrirse más a la cooperación internacional.

Ayer, durante su participación en el foro Política Exterior de México a Debate, organizado por el panista Víctor Hermosillo, el diplomático recordó que el excanciller Fernando Solana ya hablaba de la necesidad de que México observara a los principios de la política exterior como un referente, no como una camisa de fuerza.

“Hoy, el principio de no intervención no tiene la acepción que tenían hace 40 años. Hoy el principio de no intervención no se interpreta como la invitación al aislacionismo o como la invitación a la ceguera frente a una serie de violaciones a los valores universales que hemos acordado defender, porque al construir las Naciones Unidas en 1945 acordamos defender una serie de valores; por supuesto es mucho más fácil defenderlos en un mundo multipolar que en el horrendo mundo de la Guerra Fría, donde sólo había de dos opciones.

“Yo creo que más bien deberíamos pensar en quitarlos de la Constitución o en todo caso abandonando esa idea de que son una camisa de fuerza. Ya lo decía Fernando Solana cuando era canciller: no son una camisa de fuerza, son un maco de referencia”, destacó ante senadores de todos los partidos y especialistas.

Recordó que “los principios (de la política exterior) no proceden de un invento mexicano. Los principios son un espejo de lo que viene en la Carta de la Naciones Unidas y de la carta de la OEA, que son principios que nacieron ante todo en el ámbito internacional, y que hemos incorporado muchos países a nuestra práctica diplomática. Esos principios, luego, no son estáticos, evolucionan conforme a la dinámica internacional, en función de una serie de prioridades de las sociedades”.

Después de que Luis de la Calle, vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, planteó que las relaciones exteriores deben ser el puente que permita el aprovechamiento de las ventajas comparativas estructurales constitucionales y consideró que es necesario promover una campaña para resaltar la imagen de los mexicanos, cambiar el enfoque de lo que habitualmente se desarrolla y sorprende a los socios comerciales del país, el subsecretario habló de la necesidad de no atarse a los principios rectores.

Explicó que los viejos maestros de la diplomática decían que México no tiene intereses, que sólo tiene principios; que México no es gran potencia ni pretende serlo; “so los los gringos, cuando les incomoda un régimen político van y lo tumban; ellos sí tienen intereses, nosotros puros principios sacrosantos, puros y virginales para que México no se involucre en el mundo”; esa fue la mentalidad con la que crecieron muchas generaciones.

Afirmó que probablemente era funcional en la época de la Guerra Fría y por eso también y creo que fue, y lo digo con absoluta franqueza y respeto al Congreso de la Unión, fue un error haber introducido los principios en la Constitución y se hizo como una manera de compensar la apertura.

El año en que México ingresa al GATT, futura OMS, “sentimos la necesidad de compensar esa traición a la patria con la incorporación de los principios a la Constitución. Una de esas simulaciones a las que los mexicanos somos muy afectos”.

Aseguró que participar en operaciones de paz no afecta la vigencia de los principios de la política exterior mexicana, sino que es congruente con el principio de lucha por la paz, la seguridad internacional, la protección de los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos.

Explicó que las operaciones de mantenimiento de la paz son las mejores herramientas que ha construido la ONU para generar las condiciones de paz, y hoy en día sirven para la reconstrucción del tejido social después de un conflicto.

Gómez Robledo consideró que la política de exterior de hoy permite al país generar las mejores condiciones para una mejor inserción de México en el mundo, es decir, hay que terminar con el síndrome de autodenigración, porque parece como si le tuviéramos miedo al mundo.

Para el investigador del CIDE, Jorge Chabat, es necesario redefinir los principios tradicionales de la política exterior mexicana, como el referente a la no intervención, pues frente a los problemas globales pueden ser disfuncionales.

Rafael Velázquez, profesor de la Universidad Autónoma de Baja California, se manifestó porque México mantenga la promoción de los derechos humanos, defienda la democracia, que no descuide su relación con Estados Unidos, haga énfasis en su relación con América Latina y tenga una mayor presencia en la región.

Gabriel Guerra Castellanos, en tanto, dijo que la peor inversión que se ha hecho en los últimos 15 años ha sido apostar por el tema de la reforma migratoria.

La política exterior de México se tiene que adecuar conforme a los tiempos modernos, tener un papel más activo en el escenario internacional, ser proteccionista de los intereses nacionales y de los mexicanos en el exterior, así como promover los intereses comerciales, historia, imagen, cultura; y la prevención de conflictos, roces, dificultades que afecten el interés del país.

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